En mi sueño fuimos de viaje y estuvimos lejos de la ciudad. Lo recuerdo vagamente, como casi cualquier sueño, pues no recuerdo muchos.
Estábamos alegres, y aunque no sé qué hicimos durante el viaje, supe que volvimos en tren o en autobus, porque re-cuerdo las montañas y el movimiento. No sé si lo aprendí viendo cine, pero al unir estas dos cosas, surge cierta sensación de nostalgia como imagen.
Estábamos alegres, y aunque no sé qué hicimos durante el viaje, supe que volvimos en tren o en autobus, porque re-cuerdo las montañas y el movimiento. No sé si lo aprendí viendo cine, pero al unir estas dos cosas, surge cierta sensación de nostalgia como imagen.
Cuando llegamos a la ciudad nos bajamos en un campo de fut-bol donde se jugaba algún partido. Reconocí al portero y él te reconoció a ti. Se saludaron y luego te incorporaron al juego. Por un momento, desde las graderías, miré como jugabas al futbol con un vestido largo, blanco y de 'fiesta'. Creo que anotaste un gol y pienso que debe haber sido divertido para todas, aunque no lo sé, pues casi no re-cuerdo a la gente.
Al terminar el partido nos fuimos a tu casa. Creo que intuíste que, al mirarte, yo esperaba que el partido terminara lo más pronto posible. Sin embargo y aunque no me gusta el futbol, disfruté mucho viéndote jugar. Ahora que lo escribo me parece muy extraño eso del futbol pues tengo la idea de que a ti tampoco te gusta, supongo que así suelen ser las cosas en un sueño.
Cuando entramos en tu habitación comencé a acariciárte, y creo que ésta es la parte más vivída de mi sueño, pues desde estas imágenes pude reconstuir todo lo demás. Una vez que desperté, re-cordaba en mi habitación cómo te re-corrí por la espalda, por el cuello y por todo tu cuerpo. No nos besámos. Pero fue en tu habitación donde estuve mirando cada camino que siguieron mis manos, absorto en tí y en la piel que iba rozando con mis dedos.
Hubo una interrupción; entró una amiga tuya, morena, muy alta y con un rostro más bien tosco. En su gesto percibí que te admiraba y sentí que había cariño entre ustedes. No sé cómo llegué a la 'conclusión' pero, entre su atuendo y sus rasgos masculinos, ella quedó atrapada en una categoría de lo trans.
Ahora que lo escribo, creo que es urgente pensar en las transgresión de las sexualidades más allá de los cuerpos, del sexo y del género, pues sospecho que la materialidad sigue siendo un modo habitual de buscar reivindicar lo trans. Quizás me equivoque, y como esto no es parte del relato, prefiero volver a mi sueño contigo.
Hablamos un poco con tu amiga, creo que le contamos de nuestro viaje y lo bien que la pasamos. Ella nos miró enamorándonos. Cuando salió de la habitación, había mas prisa en el recorrido de nuestras manos y no supe cómo nuestra ropa cayó al suelo y tus movimientos te situaron buscándo darme placer con tu boca. Apenas recuerdo la sensación y me sorprende que tantos años después, en nuestro primer encuentro cuántico, siguiéramos aquéllas travesías.
Arrastré entonces la materialidad y sus formas en fluído corporal, que habían saturado por un momento el re-cuerdo de mi sueño, cuando lo escribí, cuando lo leí, y finalmente, cuando a través de la economía de los bits, y sólo por un instante, le convertí en el relato que te compartí en aquélla distancia presencial. Te imaginé contenta. Si sabemos lo que los átomos importan, supongamos lo que las palabras exportan.
Presiento que hay una complicidad y un reconocimiento en ello, de cada una de nuestras historias. ¿Serémos más que una pareja romántica? ¿Sabrémos ya que el futuro no nos compromete a nada?
Volviendo a mi sueño, y cuando apenas iniciábamos aquélla travesía, re-cuerdo que a mis espaldas percibí que nos miraban tras la puerta de tu habitación, luego sentí su vaivén y al esuchar un sonido fugaz, supe que habíamos delimitado nuestra intimidad. En soledad, y bañándonos en esa sed, lo escribí apenas me desperté.
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