en el dejarte ir...

La ausencia es como un tumulto inerte, así la siento. Vuelvo a tu ausencia frente a mí, y ya la angustia no sabe igual. Te has dejado llevar y nuevamente vas hacia allá, a donde yo no quiero viajar.
El cómo lo decía venir, seguías contenta ahí y eso no se puede cuestionar, aquí, ahora ¿Cómo preguntarte por la felicidad, si el anhelo común, el de los de nuestro tiempo, es lo que vives cotidianamente? ¿Cómo atreverse a pensar que eso no es lo más importante en la vida? ¿Cuándo muy pocos lo tienen y todos lo anhelan? ¿Cómo sonar racional, desde mi utopismo? o peor aún, ¿Cómo sonar congruente, desde mis devaluados resultados?
Nuevamente me toca esperar, siento que un segundo es una eternidad, nuevamente, cada uno, pesa cada vez más. El reloj sigue punzando en las ideas, estables, redondas, redundantes. Creo que escribo cual ejemplo de frialdad, desde lejos de los sentimientos, desde las razones, desde lo concreto; cual ensayo, pero lleno de represión, conciente, escrupulosa, tajante. Lo escribo bañado de suspenso y al mismo tiempo seguro de que no habrá nada nuevo. Le doy vueltas en mi boca, amargo dulce alejado de la emoción; sin vida, sin color; ni siquiera transparente o blanco o negro, simplemente autista, sin relación.
Ella, tu ausencia siempre presente en mí y siempre negada y alejada; tolerada y dividida, francamente enemiga de mi esperanza, en ti definida como absurda, radical, y obviamente sin valor. Ahora (cuando escribo) sé otro porqué del no avanzar del barco, que va a la deriva con timonzazos fallidos, sin éxito. ¿Para qué me sirve saberlo? Tenerlo en la boca y degustarlo, ¿Para qué me sirve si eras parte del motivo? ¿Traición? ¿Hubo algún rumbo traicionado? ¿Hubo algún rumbo común? ¿Qué se le hace a un traidor en la búsqueda de un sueño? ¿Qué se le hace en un barco pirata? ¿Será el rumbo, lo mismo que la dirección? ¿Qué tienen que ver con el rumbo, el viento, las velas y la velocidad? ¿Qué pasará con la búsqueda de un sueño? ¿Qué pasará con los diálogos, con los acuerdos?
Sé que no soy el único; tampoco soy el mejor. ¿Qué demonios? ¿Para qué convencerte? ¿Para qué buscar un “para qué”?


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